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Un gran riesgo bajo los copos

Por Pablo Zubiaurre


El Presidente le dice al mundo que el atentado a Cristina rompió cuarenta años de paz democrática inmaculada; los diplomáticos se miran. Es que Alberto viene distraído desde hace rato; el funcionario, sin embargo, está atento y preocupado por la ausencia de figuritas del Mundial en los kioscos, y pone todo su gabinete a solucionar el problema mientras la canasta básica corre desbocada sin merecer el mismo protagonismo.  Un diputado nos aclara que si se suspende el juicio en la Causa de Vialidad, se para el conflicto abierto y el odio pasa a ser pura miel. Absolutamente desnudo, sin esconder nada, que nadie crea que se ruborizó. Como no salió, van por la ampliación de la Corte, en la idea de imponer una Corte adicta, sabiendo que allí termina todo. Es que da la impresión que para revertir el desparramo de dinero y las obras inexistentes, con un “uno alquila y otro paga, nada raro” van a necesitar una Corte de amigos, sin opciones. Lázaro Báez, alega inocencia como si hubiera alguna forma de justificar decentemente su fortuna.

En el medio, aquellos a los que esta vez no le convienen, proponen suspender las PASO, que no es otra cosa que burlarse de las reglas para cambiarlas cada vez, de acuerdo a la circunstancia. Un diputado de la Nación compara la citación de padres de chicos que toman colegios, con la Dictadura del Proceso 1976-83. Un extravío histórico inentendible.

La inflación, otro 7 % y siguen los éxitos. El FMI le dio pulgar arriba a la misión argentina, lo que significa que han hecho los deberes que el Fondo les dio. ¿El Fondo se volvió popular o los populares se volvieron fondistas? Habría que investigarlo. Quizás la foto de Baradel y Yasky con el Embajador norteamericano en la mismísima Embajada del Imperio, aporte una buena pista. En tanto, el compañero Bergoglio se niega a recibir al Presidente Fernández en el Vaticano, después de haber recibido a tantos de nuestros paisanos. Para remediar el desprecio divino, armó reunión con una Machi en territorio mapuche. Nacional y popular. Estamos mal.

Esta necesidad tan nuestra de conservar viejas tradiciones, ya casi completando el primer cuarto del siglo XXI, nos lleva a mantener vivos nuestros ancestrales problemas, para sumarlos a los nuevos. El ferrocarril, que a fines del XIX fue una realidad generalizada, hoy es una utopía para amplias zonas del país, justo las más desconectadas, las lejanas. Volvemos a tener problemas con los pueblos originarios, pero no los que si se deben tomar, con las parcialidades sometidas que viven miserablemente en algunas zonas del país, y a las que la reforma constitucional de 1994 les asignó derechos por su preexistencia étnica (Cap. 4, Art. 75, 17), sino con un grupo de personas violentas, de ascendencia dudosa y encabezados por un “líder” de apellido británico; nunca una sencilla. Para sumar a la confusión general, la nueva Ministra de Género convoca a un Encuentro Plurinacional de mujeres, lesbianas, travestis, transexuales y no binaries (todo bien) en “territorio Comechingón, Huarpe y Ranquel”. Con la juventud y el apuro no llegó a leer a Zeballos. Pasaron cosas, desde entonces. Lo bueno es que estas parcialidades si son originarias, a diferencia de las de los pretendidos parientes de Wallace que basan su territorialidad en una invasión en la que se sojuzgó a casi todos los pueblos originarios de la Pampa y Patagonia, de la peor forma. Cristina parece querer rediscutir la “Federalización de Buenos Aires”, un tema que Nicolás Avellaneda creyó resuelto en 1879,  al menos mientras la gobierne otro. Y Mayans plantea dudas sobre la división de poderes. ¡Uf!  Difícil avanzar si hay que resolver de nuevo lo que ya estaba resuelto.

Mientras todas estas minucias pasan, se vuelve una cuestión de Estado resolver la más compleja de todas las cuestiones. Es que se intenta demostrar que “Los Copitos” son una especie de “Peaky Blinders” del Conurbano, y a simple vista no es tarea sencilla.

Por más que quieran ser pintados como una peligrosa asociación criminal, los Copos no parecen ser más que una juntada de alucinados marginales que no entienden nada del funcionamiento de la República, ni tampoco de armas y logística.

– Pablo Zubiaurre –

A Sabbag lo mandaron a asesinar a la persona más custodiada del país con un arma del tiempo de los “Azules” y “Colorados”. Tenía cien balas en la casa pero sólo puso cinco para dejar medio cargador vacío. A Brenda Uliarte, designada como “cerebro” de la organización, la agarraron tres días después con el teléfono en su poder y todos los mensajes que la incriminaban. Más Pinky que Cerebro. Eso, en general, no ocurre. Hacen inteligencia bajo una torre de Copitos que se ve desde Santiago del Estero, si el día está claro. Y después aparece el “Gran Jefe de la Organización Copitos” que entrega su teléfono, voluntariamente, con mensajes que lo incriminan en el atentado. Nadie pensó en cómo escapar del lugar.  Yo no sé qué pasó, pero no compro. Ni con Previaje.

Y me pongo preguntón. ¿Por qué aún no han despedido a los responsables y miembros de la custodia?, ¿por qué no hay nadie enojado con ellos?, ¿por qué Aníbal sigue a cargo de esa responsabilidad?, ¿se puede permitir una falla como la que hubo sin sanciones?, ¿puede argumentar una custodia que para la próxima estarán más atentos? Pagamos ciento veinte custodios, una cifra más propia de un Movimiento social que de una custodia, pero el problema no es la cantidad sino el desempeño. Al menos de los que vimos, con la capacidad que demostraron. ¿O tienen otras aptitudes? No lo sé realmente, pero me cuesta creer que esos hombres, capacitados en sus fuerzas, sean lo que se vio. ¿Qué es esto de una custodia amable y desatenta? Si no lo hicieron a propósito, es algo distinto de lo que se ha visto hasta aquí. No se dieron cuenta. Si el tiro salía, el país se hundía en una crisis política fenomenal, quedaban ciento veinte desocupados y no hubieran sabido por qué. Me cuesta creerlo.

Ahora buscan a los financistas de la operación. ¿Financistas? Este episodio no necesitó financistas, está claro. Es una locura chapucera y afortunadamente improvisada, con ejecutantes chapuceros e improvisados y una inteligencia que no iba más allá de saber que la Vice llegaba cada noche y saludaba a sus seguidores, a mi juicio, demasiado despreocupadamente.

– Pablo Zubiaurre –

Pidió ampliación de la custodia hasta un nivel desconocido, pues seguramente se sentiría insegura, y luego se mezcla entre la gente sin la menor precaución. No me parece.

Creo que ya es tiempo de dejar de ocuparnos de este episodio, que afortunadamente fracasó. Sin embargo, me gustaría que los responsables de la custodia dieran alguna garantía. Hay una función esencial que nadie parece cumplir. Porque quedó claro que si los de la idea hubiesen sido medianamente profesionales, hoy estaríamos en un momento todavía mucho más grave de éste en el que estamos. La impunidad en torno a la acción de la custodia me resulta preocupante, y el tema nunca tomó la centralidad que entiendo debería tener. Eso no soporta una vuelta de página despreocupada.

Si no se resuelve, estamos ante un peligro latente. Vivimos una sensación de desprotección que llega a sumarse a lo de Nisman y otros casos, y nos hace saber frágiles. Caminamos por una delgada línea roja cuyo más allá es una violencia en la que las consecuencias suelen ser impredecibles.

Pablo Zubiaurre, profesor de historia y escritor, Exintendente de Ayacucho

Miembro de la Mesa Comité Provincia UCR

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