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Oración o acción


Cuando tenemos que decidir por cual calle nos trasladamos en la ciudad definimos también nuestras prioridades, si escogemos el camino más transitado pero más rápido, u optamos por el camino más agradable, aunque sea más largo. Al final estamos definiendo prioridades.

Lo mismo nos sucede cuando las tantas cosas que tenemos para hacer nos impiden darnos tiempo para hablar con Dios. Pensamos que el ajetreo diario nos come todo el tiempo posible y quizás el cansancio del día no nos deja fuerzas ni ganas de alimentar nuestra alma. La vida diaria trae consigo una infinidad de responsabilidades que nos obligan a estar en continua acción, no obstante, optar por dedicarle tiempo a tener comunión con Dios, también es manifestar nuestras prioridades. ¿Nos moveremos sólo buscando la utilidad, lo práctico, la actividad que produce la satisfacción de nuestros deseos? ¿O buscaremos además de todo eso tener ese saludable tiempo con Dios, para el deleite de nuestra alma?

Jesús nos invita a definir nuestras prioridades y a darle más importancia a la oración, alimentarnos con la fuerza de su Palabra para que luego nuestras acciones de todos los días estén guiadas por su inspiración.

“Fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo”. (Efesios 6:10-11).

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