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“No tenemos talle para vos”: una serie de libros cuestiona la cultura gordofóbica y proclama un nuevo modelo

Autores y editoriales se hicieron eco del odio a la gordura y publicaron desde ensayos hasta manifiestos para desandar ese camino.

Por la Ley de Talles y contra los cuerpos hegemónicos. Foto Archivo

Contra la gordofobia, la panza chata, la dieta y los ideales hegemónicos de belleza, durante 2021 se publicaron una serie de libros que expusieron la opresión que rige sobre los cuerpos; una biblioteca «gorda» con títulos como Te lo digo por tu bien, de Agustina Cabaleiro, y Tenés derecho a permanecer gorda, de la estadounidense Virgie Tovar.

«Si dedicamos un momento a reconocer lo que nuestra cultura nos enseña sobre las personas gordas, enseguida nos damos cuenta de que la gordofobia es una forma de intolerancia, oculta en el lenguaje normalizador de la belleza y la salud, y en esa falsa preocupación por tu bienestar», escribe la estadounidense Tovar en Tenés derecho a permanecer gordamanifiesto editado por Godot donde expone el odio a la gordura a partir de su propia relación con el cuerpo desde niña y de la que tenían los otros con un cuerpo gordo, cruzando en su análisis género, etnia y clase.

De producción local salieron dos libros de autoras que vienen haciendo crujir los modelos estéticos y políticos sobre el cuerpo. Uno de esos libros es Te lo digo por tu bien, de Agustina Cabaleiro; el otro, Gorda traidora, de Lux Moreno, la filósofa que en 2018 publicó Gorda vanidosa. Sobre la gordura en la era del espectáculo.

En este punto, vale aclarar también lo que señala Susana Gutt, médica nutricionista del Hospital Italiano. La especialista celebra la cultura de los cuerpos diversos «pero sin vanagloriar la enfermedad y la obesidad es una enfermedad, como también lo es la delgadez extrema. No acuerdo con el cuerpo hegemónico».

En charla con Clarín, aclara que aceptar un cuerpo diverso no es lo mismo que aceptar una enfermedad, que necesita tratamiento. Coincide en que la gordura es una enfermedad estigmatizada básicamente «porque se ve, todos la diagnostican, todos tienen opinión» y «una cosa es tener un sobrepeso y otra es una obesidad severa que propicia otras patologías». Por eso pide buscar una mejor meta de salud –»la delgadez no es perfección», dice– y no levantar la bandera de una enfermedad.

La palabra «gorda»

En su primer libro Cabaleiro apuesta por una reconciliación con la palabra gorda y con ocupar espacios; en cambio, Moreno aborda la transformación corporal, partiendo de su experiencia con el by pass gástrico y luego con su gestación.

Como Tovar, Lux Moreno piensa la relación de los cuerpos en intersección con otras variables: «El modelo hegemónico de cuerpo es la delgadez, pero no cualquier delgadez. Es una delgadez blanca, binarizada (tiene que ser hombre o mujer), ‘en forma’, con determinados rasgos y accesos económicos, y pertenecer a determinada clase social. El modelo hegemónico se identifica con la figura del éxito social. Pensemos en algunos famosos. Hay algo de la delgadez que tiene que ver con habilitar espacios de la valoración social y que esa valoración social es diferencial para un cuerpo delgado respecto a un cuerpo gordo. Los cuerpos gordos son sistemáticamente excluidos. No se trata de que desaparezcan los gordos, ya que son funcionales al sistema de exclusión. Es necesario señalar a alguien para poder medir las jerarquías corporales, quién es más visible y quién menos».

Para Agustina Cabaleiro, la activista detrás de @onlinemami, a la que siguen más de 309 mil usuarios, «vivimos en una sociedad súper meritocrática donde si sos gordo es porque querés, si no te amás es porque no querés amarte, si no sos feminista es porque no te deconstruiste, si no sos empoderada es porque sos una estúpida. Son nuevas exigencias que van cambiando según la agenda, son bajadas desde una cuestión vacía de lo que representan los movimientos y más individual, donde si te va mal es porque no te esforzás lo suficiente cuando en realidad hay un sistema que nos enseña cómo tienen que ser los cuerpos, qué comer, a qué comida accedés porque no todos podemos lo mismo».

"Te lo digo por tu bien", de Agustina Cabaleiro (Montena, $1.699 papel; $500 audiolibro y $350 ebook).

Un libro pionero de esta biblioteca gorda que salió en el año 2016 lo escribieron y compilaron en conjunto Laura Contrera y Nicolás Cuello. En uno de los textos del volumen concebido como «herramienta teórica-política», Contrera escribía: «Más allá de la ‘operación bikini’ propia del verano o del arrepentimiento masivo tras las comilona por las Fiestas, la obsesión por la delgadez y el consiguiente rechazo de la gordura son cosa diaria en los medios y en la calle. En este sistema hetero-capitalista se vive a régimen, se quiera o no. Porque quien se descuida se pierde en su propia falta de voluntad. Ya no se gestiona adecuadamente, es un mal patrón de sí mismo, y a su vez, un mal producto».

Lo que señala Contrera es ese hilo común que atraviesa toda la biblioteca de libros que viene tomando forma desde entonces: hay que desandar la narrativa patologizante de la gordura para inscribirla en un sistema violento y estos títulos apuestan por herramientas, por espejos donde mirarse y reconocer la máscara, el engaño, la opresión y el daño sobre la subjetividades.

¿Cómo no enojarse cuando toda una vida se tuvo que lidiar, como dice Cabaleiro, con frases como «no tenemos talle para vos» o «¿pensaste en hacer ejercicio?».

Lo dice Tovar en su escritura: «Admito que quiero que te enojes muchísimo porque te han mentido, y porque hay fuerzas culturales que intentan de forma activa desmantelar las partes más valiosas de tu ser…».

"Tenés derecho a permanecer gorda", de Virgie Tovar (Godot, $990).

Contrera, activista gorda, abogada, doctorada en Estudios de Género y divulgadora en su Instagram de muchas de estas producciones, sostiene que «la biblioteca gorda se amplía porque hay un trabajo consistente del activismo desde hace una década y estos libros funcionan como un mapa: mapean lo que ya hay y además permiten nuevas exploraciones».

¿Qué pasó entonces? Para ella, «en estos últimos diez años de la voz incesante de los activismos, de los feminismos, se han cambiado muchas percepciones, se ha logrado visibilizar la cuestión del estigma, la violencia y la patologización a los cuerpos gordos y eso ha llevado a un planteamiento de cosas en torno a estereotipos de normalidad corporal, de belleza. Empieza a crujir la base de la asociación entre gordura y falta de salud y eso es muy muy importante pero falta un montón todavía».

Para Contreras la visibilización de la cultura del odio a los cuerpos gordos y la fobia está asomando como una problemática, es decir, «ya estamos reconociendo que hay una vulneración de derechos, que no es sólo «quiero que me acepten» o «todos los cuerpos son posibles», lo cual es un primer paso, sino también entender que las personas gordas como otras minorías pertenecientes a la diversidad corporal o sexogenérica, tenemos vulnerados el acceso a derechos fundamentales, como el empleo, el transporte público, la vestimenta, la salud. Se necesitan más políticas públicas, se necesitan reformas legales para cambiar la vida de las personas que sufrimos estas violencias y discriminaciones».

Dedicado a las chicas que alguna vez «lloraron en un probador», Cabaleiro publicó su primer libro, donde a partir de su testimonio construye un relato que ancla en lo personal para exponer el paradigma y las exigencias sociales.

No es la primera, esa fibra de la experiencia ya tiene huellas en libros como el de Tovar pero también en Comer y coger sin culpa«de María del Mar Ramón o Gorda vanidosa de Moreno, en el que cuestiona lo que se entiende por gordura.

Para Cabaleiro «es extremadamente importante hablar de lo que nos pasa y los que no une porque es la primera manera de lograr superarlo y empezar a encontrar mecanismos propios y colectivos para sobrevivir. Si no sabés que te está pasando ¿cómo lo combatís socialmente?».

Se refiere a que «cuando sos gorda, gorde o mujer gorda hay experiencias que nos atraviesan, que todas vivimos y es muy curioso la sensación de soledad constante porque pensamos que a nadie le pasa lo que a nosotras pero es solamente el hecho de que no encontramos con quién charlar sobre esto. Muchas veces nos vemos como la gorda del grupo, la gorda de educación física, como que son experiencias súper solitarias cuando en realidad son mucho más universales de lo que creemos. Vivimos la misma película con distintos personajes y en distintos tiempos pero el guion es siempre el mismo».

Una de las puertas de entrada para volver a mirar el cuerpo propio desde otros ojos más empáticos con la diversidad de materialidades la impulsa el movimiento Body Positive, los cuerpos que quedan en los márgenes de la televisión, las publicidades, las marcas de ropa por no representar el ideal ficticio y construido sobre lo que debe ser un cuerpo no sólo bello sino también sano.

Si bien ese movimiento es un ingreso a estas producciones de activismos gordos, muchos libros y autores empiezan a revisar y transformar el relato, «se paran desde posturas críticas a los discursos neoliberales del Body Positive, a esa esta cosa del amor propio, de querete a vos misme sin importar las condiciones estructurales de la opresión», asegura Contrera.

Lo interesante de esta biblioteca, al calor de las discusiones de los movimientos, es que no se trata sólo de herramientas para hacer frente al estigma o a las violencias cotidianas que sufren los cuerpos diversos sino que sus textos exponen el paradigma cultural, el sistema funcional que sostiene y contiene el odio y la domesticación de los cuerpos. Como dice Cabaleiro, «cuando hablamos de la gordura no sólo hablamos de la belleza sino de los derechos que nos niegan, todas las puertas que nos cierran en la cara».

Con información de Télam y Clarín

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