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LAS URNAS ILUMINAN

El pueblo se ha expresado en las urnas. Los resultados están a la vista. Es la razón de ser de la democracia. Es el instrumento que nos provee la Constitución. No se trata de una verdad absoluta. No es el sabelotodo de los filósofos ni la omnisciencia de Dios. Es lo que hay en la evolución de los sistemas que rigen la vida en sociedad. Fueron en el ayer los reyes, también los déspotas ilustrados y los  múltiples ensayos que nos ha deparado o disparado la historia. Entre los ismos extremos  del capital y lo comunitario emergen siempre las alternativas que las construcciones sociales diseñan para vivir juntos. Esa pulsión vital, que es más que las razones de la mente,  suele cobijarse en el corazón para impulsar los cambios. Esa corriente, a veces visible y en otras oportunidades, subterránea, no consulta al sentido común ni a la tradición pero siempre está cautiva de esos parientes genéticos. Es el devenir de las acciones del novato homo sapiens en el barro del presente. Votar para elegir quien nos ayuda  a crecer. Ese escenario donde el individuo admite la soledad y la espanta con la voluntad de la integración. Es un acto de responsabilidad delegar y aprender a aceptar el destino no siempre seguro de esa necesaria renuncia.  Admitir la convivencia en la disparidad es la aventura más grande de cada amanecer. Es un debate constante entre el instinto y la inteligencia. Hay inclinaciones políticas seducidas  por las garantías de la seguridad material, otras por la libertad, y muchas  vocaciones intermedias entre los polos de los simplismos binarios. Cuando el pueblo decide en la relativa religión de las urnas sabe que su fe no se agota en ese instante. Tiene que rezar y acompañar los ritos del culto para que las creencias se traduzcan en acciones. Desde la trascendencia a la inmanencia.  Así somos en la fragilidad que clama fuerza para hacer el bien. Claro, que también lo somos cuando no procesamos  la derrota  o nos embriagamos en el triunfo. Imaginemos que las mayorías se inclinan por el bien. Y trabajemos para que los equilibrios numéricos de las PASO enseñen a los electores y a los elegidos a aprender la lección.  Como dicen los teóricos de la pedagogía: es un proceso de enseñanza/aprendizaje. Finito en el tiempo y poderoso para transformar la realidad. En la nación, en las provincias y en Rauch las evidencias nos piden estar con los ojos y los oídos permeables para ser fieles a la voluntad popular. Que no es  una verdad absoluta, ni una seguro de eternidad, pero es el fenómeno más respetado en la ciencia y en la realidad política. Se llama democracia y requiere del alimento cotidiano de los ciudadanos. Electores y elegidos no pueden prescindir de esa  unidad imprescindible.  Hoy  el reloj institucional nos marca la hora un de un nuevo amanecer: JUNTOS .

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