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La estación de Rauch y un viaje a la nostalgia

Escribe Alejandro De Muro Elizalde


Nadie pisa sus baldosones gastados. Ningún viajero alborota, con su transitar inquieto, las hojas marchitas que tapizan el andén de la vieja estación de Rauch. Hoy tampoco, el otrora y único tren diario proveniente de Buenos Aires, le propondrá a las instalaciones vacías reanudar su romance cotidiano. Las vías, sumidas en un sueño continuo, se ven rodeadas de pastos que, a fuerza de quietud, las desafían y se animan a sofocarlas. No temen el desplazamiento raudo de una locomotora y su séquito. En un extremo, distante, una señal tiesa y en posición paralela al suelo, denota que no habrá acceso permitido porque ningún servicio lo demanda. La estación Egaña esperará en vano…

Todo es silencio en sus amplias superficies descubiertas y en un sector de boletería y sala de espera del cual parte un alero protector y seis pilares que le brindan sustento.

Razones presupuestarias le pusieron candado a convoyes que fueron necesarios y de los cuales, alguna vez, la ciudad debió depender forzosamente. Cuando el transporte de micros de larga distancia no existía o era incipiente. Hoy, el paso del tren, por ese lugar cuasi abandonado, ya no se justifica. Por lo menos es lo que algunos obstinados creen. Dejó de ser rentable, afirman. Mientras tanto, las instalaciones se mantienen completas y aseadas. Como esperando el trajinar renovado de pasajeros con sus valijas. Deseando que, de nuevo, un tren atronador los sobresalte con su concierto de hierros y silbatos.

Queda una mirada final. Húmeda por culpa de una lágrima que inevitablemente se escapa.


Aunque la estación lamentablemente no está cumpliendo su función original, si le está prestando un gran servicio a la Comunidad de Rauch ya que allí funciona desde hace varios años y gracias a un Convenio del Municipio con las autoridades del ferrocarril, uno de los 4 centros de Atención Primaria del Sistema de Salud Municipal de Rauch.

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