loader image

El día que Ricardo Balbín fue condenado a prisión por desacato

Las reiteradas críticas al peronismo lo llevaron a la cárcel. Su nieto recordó el hecho a 72 años.


El miércoles 22 de noviembre de 1950 Ricardo Balbín fue condenado a prisión, después de las denuncias que el gobierno de Juan Domingo Perón presentara en su contra en reiteradas ocasiones.

Su nieto, el diputado provincial Emiliano Balbín, realizó un recordatorio de la fecha: “En 1950, un día como hoy, Ricardo Balbín era víctima de una de las persecuciones políticas más bochornosas de la historia de nuestro país. Un día como hoy fue preso por un solo motivo: desacato a la autoridad. Sin embargo, años después, demostró que el rencor no es la salida”.

El origen se remite al Congreso Nacional Agrario, realizado en el Centro Asturiano de Rosario, el 30 de agosto de 1949. Balbín, como presidente del bloque de diputados nacionales de la UCR, tuvo el discurso de cierre. Frondizi le había advertido sobre los términos que utilizaría porque el gobierno de Perón aguardaba algún “desliz” para desaforarlo y avanzar con un proceso judicial. “Quedate tranquilo”, habría respondido el caudillo radical, pero al tomar el micrófono no pudo escapar de su habitual oratoria, que con palabras severas condenaba al peronismo.

Pocos días después el juez federal santafesino, Alejandro Ferraronz, reclamó el desafuero parlamentario ante una demanda presentada por el diputado peronista Luis Roche. Balbín fue acusado de desacato y de violar el artículo 244 del Código Penal, y correría idéntica suerte que otros radicales: Eduardo Sammartino y Agustín Rodríguez Araya, y poco tiempo después Mauricio Yadarola y Atilio Cattáneo.

En el Congreso

Más rápido sería el trámite en el Congreso, donde presidía “el bloque de los 44”. Los oficialistas hablaron de injurias, ofensas y descréditos contra el general Perón. “Algunos de los que me han de votar esta tarde me aplaudían cuando tenía este lenguaje contra Uriburu. Muchos de los que han de votar estar tarde eran mis amigos en la lucha contra el fraude. ¿Qué culpa tengo yo si sigo creyendo lo de antes y ellos han cambiado lealmente sus convicciones?”, señaló Balbín en el recinto.

Luego mostró su rebeldía: “Está equivocado el señor juez si piensa que habré de ir ante él a prestar declaración indagatoria o a ofrecer pruebas. ¿Cómo habría de hacerlo, señores diputados, si la Cámara de Diputados de la Nación condena sin pruebas? ¿Si el Parlamento de la República es insensible, cómo le daré posibilidades a un juez para que disminuya a la Cámara? ¡El proceso está terminado, definitivamente concluido!”

La votación terminó 108 contra 41. Y grabado en la historia quedó: “No me detendré señor presidente en la puerta de mi casa a ver pasar el cadáver de nadie; pero tenga la seguridad que estaré sentado en la vereda de mi casa viendo pasar los funerales de la dictadura para bien del país y para honor de la República y de América. Si con irme de aquí pago el precio de uno de tantos de mi partido; si éste es el precio de haber presidido este bloque magnífico que es la reserva moral del país, han cobrado barato; fusilándome aún no estarían a mano”.

El 12 de marzo de 1950, día en que se realizaban las elecciones en las que él era candidato a Gobernador de Buenos Aires, fue detenido cuando emitió su voto. Encabezaba la fórmula junto a Noblía como candidato a gobernador. Después llegó la condena, el 22 de noviembre del mismo año, y tras 297 días preso primero en Rosario y luego en el Penal de Olmos, fue liberado el 2 de enero de 1951 por un indulto de Perón que sabía que en estas condiciones le generaba más problemas que soluciones. Pero Balbín nunca aceptó la amnistía.

“A veces es necesario que en un país entren algunos libres y dignos a la cárcel, para conocer dónde irán después los delincuentes de la república”, expresó.

Compartir nota