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El acto de Alfonsín en el Monumento a la Bandera, en Rosario

Fue el cierre de campaña y el más grande acontecimiento proselitista para los santafesinos.


“¡Loco, acordate, el domingo ganamos!” sentenció con inusitado entusiasmo un correligionario ante la mirada escéptica de su amigo, tras el paso del tren que se dirigía hacia Rosario, en la tarde del 28 de octubre de 1983.

El hombre no solo vislumbró una victoria electoral por el acto de un par de días antes en el Obelisco, sino por la multitud que se acercó a la estación del ferrocarril, en San Pedro, y los jóvenes –que estampaban sus gorros y remeras con la oblea “RA”- que se subieron para concurrir al cierre de campaña en el Monumento a la Bandera, que los depositaría en la estación Rosario Norte.

En ese tren viajaban dirigentes que luego ocuparían sitiales preponderantes, como la futura dupla ganadora de la provincia, Alejandro Armendariz y Elva Roulet, quienes asomaron desde los vagones para saludar a la gente.

Los medios rosarinos consignaron que la noche era muy cálida, y que la organización demandó un gran esfuerzo, fijando puntos de concentración en plazas o esquinas simbólicas, para que luego avancen las columnas.

El palco se instaló al pie del monumento. Allí se desplegaron enormes banderas. La mayor, que fácilmente se distinguía, era la del Comité de San Pedro: “Todo va mejor con… Alfonsín”, rezaba acompañado por un retrato del líder.

“Más de medio millón de personas desde muy temprano ocuparon a lo largo de varias cuadras todo lo ancho de la Av. Belgrano y el Parque a la Bandera a orillas del río Paraná”, se dijo en los diarios.

El acto se demoró, aguardando hasta que todos pudieran ubicarse. Luego hablaron Aníbal Reinaldo, candidato por la UCR a la gobernación de la provincia de Santa Fe; Víctor Martínez, candidato a vicepresidente y Raúl Alfonsín.

Víctor Martínez indicó la necesidad de afianzar el Poder Judicial, de poner los sindicatos -peronistas o radicales- al servicio del pueblo, y de la intención de pagar todos los compromisos externos, pero dándole prioridad a los internos, “para poner nuestros recursos a servicio del pueblo y no para la patria financiera”.

En tanto Alfonsín, expresó “en 1946 los radicales no interpretamos la realidad de aquel tiempo y nos costó el primer puesto en la representación del pueblo”, además de hablar de hacer hincapié en el afianzamiento de la justicia social, el lastre de una economía y la necesidad de reconstruir el aparato productivo nacional para acabar con la desocupación, implementar una reforma financiera y la derogación de la Circular 1050 del Banco Central, muy mentada por entonces por su nivel indexatorio, que estaba causando un desastre en quienes adquirieron viviendas con préstamos.

En el final, Alfonsín daba un anticipo de lo que sería un reflejo de su valentía a corto plazo: reformar el Código Penal para equipar la pena del torturador con la de un homicida. Luego, en ejercicio de sus funciones, llegaría la CONADEP y el juicio a las Juntas Militares.

Mientras tanto en Buenos Aires…, Herminio Iglesias quemaba un cajón mortuorio envuelto en una bandera radical.

 

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